Los modos de perder la compustura

Esta semana la Comisión de Patrimonio, incorporó al catálogo de sitios protegidos como monumento histórico, cinco nuevos edificios entre los que está el Liceo N.3 Dámaso Antonio Larrañaga. Me alegré y mucho; “el Dámaso” creado entre 1951 y 1955 por el Arq. José Scheps, es un magnífico ejemplo de la mejor arquitectura de su tiempo y de lo que eran por entonces las últimas corrientes pedagógicas. Fue su primer director, el Prof. Rodrigo de Pro, quien aportó al proyecto conceptos de vanguardia que hicieron del edificio un ejemplo de interacción entre el acto de educar y el espacio arquitectónico.

Cuando leí la noticia pensé en el mural de Julio Alpuy, aquel que pintó en 1955 como un gran homenaje al trabajo y al esfuerzo y que por ello se llama Oficios. Lo sabía abandonado desde hace décadas y la nota decía que el Director del liceo, Oscar Destouet, ha perdido las esperanzas de recuperarlo a pesar de su insistencia tanto en el Codicen como en Secundaria. Me entristecí y mucho, pero quedé completamente desencajada y mi compostura voló por los aires, cuando casi inmediatamente encontré las imágenes del mural posteadas por la Profesora de Historia del Arte Daniela Tomeo. Huelgan los comentarios.

Mural Oficios, Julio Alpuy, 1955. Liceo N.3 Dámaso Antonio Larrañaga (Foto del FB de la Prof. Tomeo)

Mural Oficios, Julio Alpuy, 1955. Liceo N.3 Dámaso Antonio Larrañaga (Foto del FB de la Prof. Tomeo)

Mural Oficios, Julio Alpuy, 1955. Liceo N.3 Dámaso Antonio Larrañaga

Mural Oficios, Julio Alpuy, 1955. Liceo N.3 Dámaso Antonio Larrañaga (Fotos del FB de la Prof. Tomeo)

Resulta que también esta semana, pude admirar el espectacular catálogo publicado por la editorial italiana Skira, sobre la muestra Ciudad Eterna, Eternos Mármoles de Pablo Atchugarry, la que se exhibe en el Mercado de Trajano en Roma y que tuve la fortuna de admirar hace pocos meses y también porqué no decirlo, enorgullecerme. Skira, es una de las casas editoriales más importantes del mundo, está especializada en catálogos y libros de arte y hace más de diez años que organiza exposiciones en el mundo. El libro es espectacular, decenas de magníficas fotografías dan cuenta de la obra de Atchugarry, así como una serie de textos especializados y trilingües (español, inglés, italiano) dan marco conceptual a las cuarenta obras.

Detalle de las inscripciones y grafitis

Catálogo, Citta eterna, eterni marmi, Skira, 2015

Mi alegría era desbordante, pero ese mismo día me topé por casualidad con el post de la columna de Álvaro Ahunchainen el que había una serie de fotografías del estado de abandono y vandalismo en el que se encuentran las obras del Parque de Esculturas. Allí, entre las obras de nuestros más grandes artistas está Semilla de la esperanza, la primera obra de Atchugarry en nuestro país y de algún modo, el símbolo de su regreso a Uruguay tras su consagración internacional. Y mirar las fotografías provoca un inmenso dolor y nuevamente huelgan las palabras.

Semilla de la esperanza, Pablo Atchugarry, 1996. Parque de Esculturas, Montevideo

Semilla de la esperanza, Pablo Atchugarry, 1996. Parque de Esculturas, Montevideo

Pablo Atcugarry Semilla de la esperanza

Detalle de los grafitis sobre el mármol de Carrara de Semilla de la esperanza

Hay algo que no cierra, ¿como es posible que Atchugarry esté en Italia, en el Foro de Trajano, editado por Skira y en Uruguay, su propio país, su trabajo exhiba tal nivel de maltrato, ignorancia y desidia? ¿Como es posible que Alpuy sea celebrado en el mundo como uno de los grandes Maestros constructivos y aquí lo dejemos librada a su suerte?

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Detalle de los grafitis sobre el mármol de Carrara de Semilla de Esperanza

Y cuidado, me apuro a decir que creo firmemente que esta situación no trata de quien está en el gobierno, de ideologías o partidos políticos, dineros o presupuestos. No, se trata de algo mucho más grave y profundo, la cuestión es cultural y por eso trata de lo que fuimos y de lo que somos, del lugar en donde estuvo nuestra sensibilidad y donde está hoy. Claro, también se puede optar por pensar, que al menos ahora el Dámaso está protegido y que quizá el director del liceo consiga proteger el mural. O que Atchugarry tiene a Italia -su patria de adopción-, un país en donde respetan y celebran su obra y que ellos lo cuidarán como se merece. Lo pienso, pero también me pregunto, ¿que futuro nos espera? Porque la ley natural dice, que la semilla no crece en la tierra del maltrato y la ignorancia, y entonces la cuestión es saber si seguirán naciendo en Uruguay artistas como Alpuy o Atchugarry. Y si así resultan las cosas, los uruguayos habremos resuelto el problema: ya no tendremos que ocuparnos de cuidar nuestro patrimonio, porque no tendremos nada que proteger, honrar o de que enorgullecernos.