La rana y el escorpión

Sí, es cierto, quería dejar de escribir sobre Italia, su historia y todas las maravillas que custodia y que la convierten en el mismísimo centro de la Historia del Arte Occidental. Me lo había propuesto como meta, era un objetivo, pero no lo conseguí y no porque no le pusiera ganas al asunto; es que Italia y los italianos no me dejan. Sí, ya se que suena indulgente y hasta complaciente, pero cuando les explique estoy segura que me van a entender.

Anfiteatro Flavio, llamado Coliseo, 70 d.c.

Anfiteatro Flavio, llamado Coliseo, 70 d.c.

Está en las tapas de todos los diarios del mundo: el Ministro de Bienes Culturales de Italia, Darío Franceschini, ha conseguido destinar 18,9 millones de euros para impulsar el polémico proyecto de reconstruir la arena del Coliseo. La idea surgió allá por abril de 2014 y el iluminado fue el arqueólogo Daniele Manacorda, quien propuso que se cubrieran las galerías subterráneas que hoy están a la vista, para que la arena vuelva a ser un espacio de espectáculos y además, ayude a los 5 millones de turistas que lo visitan al año, a imaginarse el anfiteatro como era en sus buenos tiempos (¿?).

Vista interior del Coliseo

Vista interior del Coliseo

La polémica fue inmediata, pero el debate languideció ya que la operación de restauración en curso que financia la firma de zapatos Tod’s, no preveía la posibilidad de desviar fondos para la ocurrencia de Manacorda. Pero al Ministro le gustó la idea y vía tweet se comprometió a conseguir el dinero. Pasó el tiempo y no se supo nada más, hasta que esta semana anunció que lo había conseguido; el dinero saldrá de las arcas del Estado, desplazando a otros proyectos de preservación en curso, como por ejemplo, la Galleria degli Uffizi, que aún no ha conseguido completar la aclimatación ambiental de sus salas -tanto para las obras, como para los espectadores-, y recibirá menos dinero (18 millones de euros) que la dichosa arena del Coliseo.

Zonas del interior, aún en restauración

Gradas y parte de los pasadizos subterráneos

Italia y el mundo estalló; Jonathan Jones, el crítico de arte del diario inglés The Guardian se puso hecho una fiera, los críticos españoles fueron más discretos pero no rehuyeron la opinión y los franceses, apelaron al sentido común. Claro, que hay mucha gente a favor, por ejemplo, el presidente del cuadro de fútbol ASRoma, más conocido como “la Roma”, que se apresuró a pedir fecha en la futura arena para “jugar un partido contra el Barcelona o el Bayer”. Con tino el Ministro salió al cruce y dijo que el Coliseo no iba a funcionar como cancha de fútbol ni como espacio para conciertos de rock, aclarando que no se iba a convertir en Las Vegas (sic).

En el interior del Coliseo

En el interior del Coliseo

Hace apenas unas semanas estaba en Roma, caminando y recorriendo el Coliseo, viendo con mis propios ojos los maravillosos resultados de la restauración que tras largos años de desidia y abandono, consiguieron no solo revivirlo, sino poner a disposición zonas que nunca antes se habían podido visitar.

Vista nocturna de la nueva iluminación del Coliseo.

Vista nocturna de la nueva iluminación del Coliseo.

Hace apenas unas semanas, disfrutaba de la fantástica iluminación nocturna creada por Vittorio Storaro, inigualable director de fotografía y ganador de varios Oscar por obras maestras como “Apocalypsis now” y “El último emperador”. Una iluminación que alcanza la Columna Trajana y sus Foros, y que vuelve a la zona del Palatino uno de los lugares más hermosos, emotivos y subyugantes del planeta.

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Zona peatonal en los alrededores del Coliseo.

Hace apenas unas semanas, recorría la Via dei Fori Imperiale convertida en una gran extensión peatonal que permite circular desde el Coliseo hacia los Foros como si aquello fuera la antigua Roma. Entonces, me pregunto, ¿porqué Italia tiene que ser tan italiana? ¿Porqué cuando consigue un logro majestuoso como el que viene de conseguir con todas estas acciones, toma atajos de tan dudosa credibilidad? ¿Porqué, si aún tiene tanto por hacer en Pompeya, en los Uffizi y en tantos otros sitios más, se embarca en estas ideas, que podrían ser viables, pero que sin duda, no son prioridad?

Obviamente, no tengo la respuesta, pero se me da por pensar en la vieja fábula del escorpión y la rana; aquella en la que la rana acepta cruzar el río a lomos del escorpión con la promesa de que no va a ser picada y que cuando el escorpión la pica, sorprendida le pregunta, “¿porqué lo has hecho, así moriremos los dos?” y el escorpión le responde, “porque es mi naturaleza”.