Lo que natura no da…

Dice el dicho popular que lo que “natura no da, Salamanca no presta” y no voy a ser yo quien lo desmienta, menos aún en estos tiempos. El punto es otro; es que el mes pasado anduve por las Españas y reparé una de las tantas faltas de mi vida: visitar la Universidad de Salamanca. Pues les aseguro que la sensación que experimenté fue la contraria a la del dicho; algo así como que la natura da pero Salamanca presta y mucho.

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Patio de las Escuelas  presidido por la escultura de Fray Luis de León (1527-1591) y la fachada plateresca del Colegio Mayor, creada entre 1513 y 1529.

Porque desde su fabulosa fachada a sus ancestrales claustros y aulas, esta maravillosa institución, primera universidad de España y tercera de Europa después de Bolonia y Oxford y que fue fundada el rey Alfonso IX de León en el año de 1218, desprende un mágico aire de respeto por el saber y por el esfuerzo que implica lograrlo, que estremece hasta al más bien plantado.

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Biblioteca del Colegio Mayor de la Universidad de Salamanca

No es fácil de explicar, se trata de algo inmaterial, no se ve, no se toca, no se oye y sin embargo, está. Está en el aire que se respira al entrar al aula donde Fray Luis León enseñaba en el siglo XV,  está en la imponente biblioteca en la que descansan centenares de incunables, en los largos corredores de techumbre mocárabe y en el gran claustro en el que pasearon sus reflexiones Luis de Góngora (1561-1627), Calderón de la Barca (1600-1681), Miguel de Unamuno (1864-1936) y tantos otros más.

Universidad. Aula Fray Luis de León

Aula de Fray Luis de León en la que se conserva su cátedra y las mesas y bancos de los alumnos

No imaginemos grandes despliegues artísticos ni rebuscadas decoraciones, por el contrario, todo es austero y simple pero es en esa austeridad y sencillez en donde habita lo inaprensible, la percepción de que esas piedras son la idea misma del esfuerzo por el saber. Y también su dignidad y también su desafío; allí en 1492 Antonio de Nebrija escribió la primera gramática de nuestro idioma y osó reclamar derechos de autor (el primero en Occidente); allí en 1572 la Inquisición se llevó a Fray Luis de León por traducir el Cantar de los Cantares a lengua vulgar; allí en 1529 Francisco de Vitoria escribió las bases de lo que hoy conocemos como Derecho Internacional.

Fue allí, un día de 1936, en donde Miguel de Unamuno abrió el curso académico como rector de la casa retando al general franquista Millán-Astray con su famosa frase: “Venceréis pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en este lucha: razón y derecho”.

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Miguel de Unamuno (1864-1936) en el corredor del claustro superior del Colegio Mayor de Salamanca

Todos estos grandes hombres fueron seres excepcionalmente dotados por la naturaleza, no obstante, Salamanca los formó, les dio su disciplina y sus principios y lo más importante, les dio la dignidad combativa del que sabe que está en lo cierto y que no llegó a tal convicción por casualidad o fortuna.

Me fui de Salamanca sobrecogida y en silencio, me fui con el sabor de todo lo que se pensó, se discutió y se reflexionó entre sus paredes, me fui con las valientes palabras de Unamuno resonando en mi cabeza y con la sensación de que la natura da, pero Salamanca también presta.