Ellas también tienen calor o frío

Hace calor, mucho calor. El aire es irrespirable y la temperatura corporal no encuentra equilibrio. En el norte pasa lo contrario, hace mucho frío y al cuerpo también le cuesta acomodarse. Si a nosotros nos molesta, a las obras de arte les pasa lo mismo aunque sean objetos y no sujetos, aunque se pasen la vida inmóviles e inertes, aunque no hablen ni se rían ni se quejen.

Han sido pintadas en lienzos o en tablas de nogal, pino o cedro, han sido dibujadas en finos papeles y escritas en hermosos trozos de vitela. Pura materia orgánica -que al igual que nosotros- reacciona, se expande y se contrae, se seca y se humedece.

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Vieja Sala Botticelli del Museo de los Uffizi, 2015

En junio de 2015 visitando los Uffizi de Florencia, en medio de la ola de calor más intensa del último siglo y medio-entre 40 y 42 grados y una sensación térmica de 45-, era inconcebible la temperatura y la humedad que había en la Sala Botticelli; aquella en la que están su famoso Nacimiento de Venus y su no menos célebre Alegoría de la Primavera. 

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Nueva Sala Botticelli del Museo de los Uffizi, octubre, 2016

Afortunadamente, desde octubre de 2016 la Sala Botticelli ha sido alcanzada por el proyecto Nuovi Uffizi, un proyecto que lleva más de diez años modernizando las salas del museo y ahora cuenta con una equilibrada climatización, luces de última generación y una nueva disposición que potencia el conocimiento y la contemplación. Botticelli nunca más tendrá calor…

Pero no lancemos campanas al vuelo, porque hasta los más perfectos sistemas fallan. Eso fue lo que sucedió la semana pasada en la Pinacoteca Brera de Milán, cuando los vientos helados y secos del Báltico que azotaron la ciudad provocaron un fallo en el sistema de control de las salas y la humedad descendió a límites de riesgo.

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Detalle de la Palla Brera o Retablo de Montefeltro, Piero della Francesca, c.1452. Pinacoteca de Brera, Milán Italia.   

Algunas de las piezas como el Cristo alla colonna del Bramante debieron ser retiradas y otras más de cuarenta fueron intervenidas allí mismo, como es el caso de una de las maravillas que conserva el museo, la espectacular Palla Brera o Palla de Montefeltro de Piero della Francesca.

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Detalle de la parte superior del retablo

 

 

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Una espectadora observa las obras intervenidas por el frío. 

Lo que sucede, es que si la temperatura y la humedad bajan bruscamente, las fibras de la madera se contraen o se expanden según el caso, empujan las superficies que hay sobre ellas y las capas de pinturas se craquelan, se resquebrajan y pueden llegar a desprenderse. Por eso, se les colocaron sobre las zonas en riesgo trozos de papel japonés, para que a manera de parches o vendas, sostengan las capas de pintura hasta que las fibras de la madera vuelvan a estabilizarse.

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Maestro de Washi trabajando durante el proceso de inmersión. El Washi, fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en noviembre de 2014.

El papel japonés o Washi, es un tipo de papel elaborado a mano a partir de tres tipos de plantas -básicamente la morera papelera- aunque en ocasiones se combina con otras fibra como el cáñamo. Hay más de 90 tipos de Washi y ha sido milenariamente utilizado en algunas de las más hermosas artes japonesas como el Origami, el Shodo (la Caligrafía) y las estampas del Ukiyo-é. Sin olvidar esos deliciosos objetos tan japoneses como los parasoles, los abanicos, los farolitos o las puertas corredizas de sus minimalistas habitaciones.

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Parasol japonés realizado con Washi

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Caligrafía japonesa o Shodo.

El Washi es ligero, resistente y tiene una perfecta capacidad de absorción. Es una joya que tiene más de 1.300 años de antigüedad, se transmite de generación en generación y es uno de los materiales más preciados en los talleres de restauración. El Washi japonés viene salvando nuestras obras de arte desde hace mucho tiempo y hoy las está ayudando a soportar el frío…

Porque si nosotros la pasamos mal, ellas también….