A cinco siglos de distancia

Ayer miraba en la tele la apertura de las Cortes en España y mientras discurría el discurso del rey Felipe VI enfocaron por unos instantes a las infantas Leonor y Sofía.

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Princesa de Asturias y la infanta Sofía saludando tras la apertura de las Cortes, 17 de noviembre, 2016

La imagen fue un flash, mi cabeza me decía una y otra vez “esto ya lo vi”. Y claro que lo había visto, solo que mi cabeza tuvo que cabalgar cinco siglos hasta el reinado de otro Felipe, en este caso el segundo y a la imagen de sus hijas, las infantas Isabel Clara Eugenia (1566-1633) y Catalina Micaela (1567-1597) pintadas en 1575 por Alonso Sánchez Coello.

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Las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, Alonso Sánchez Coello, 1575. Museo del Prado, Madrid

Se trata de retrato que siempre me llamó la atención, por el modo con que se plasma la distancia solemne de las niñas, por la manera en la que construye una imagen digna del poder al que ambas se debían. No se trata del retrato de dos niñas sino de la efigie de las hijas del rey de España, con toda su severidad inexpresiva, con la corona de flores que las une al destino común del estado.

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Infanta Catalina Micaela, Juan Patoja de la Cruz (atribuido), 1585. Museo del Prado, Madrid

Pero lo inusual no es el retrato, sino en el hecho de que Felipe II adoraba a sus dos niñas, hijas de su tercer matrimonio con la encantadora Isabel de Valois (1546-1568) y huérfanas desde pequeñas. El rey las educó como pocas veces se vio en las hijas mujeres de un monarca. Ambas hablaban y escribían en latín, italiano y francés, fueron instruidas en las más diversas materias y el rey les concedía largas horas de su tiempo en las que las pequeñas traducían y leían documentos para él trabajando a su vera en el despacho real.

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Infanta Isabel Clara Eugenia y Magdalena Ruíz, Alonso Sánchez Coello, 1585-1588.Museo del Prado, Madrid

Las cartas que el rey les envió durante sus ausencias en Portugal y luego a lo largo de sus vidas de casadas, nos revelan a un padre íntimo y cariñoso, que confiaba en el juicio político de sus hijas y en sus habilidades para defender los intereses del reino. Catalina morirá tras alumbrar diez hijos con Carlos Manuel I Duque de Saboya y la otra será soberana de los Países Bajos junto a su esposo Alberto de Austria, gobernadora de los Países Bajos por derecho propio y una gran mecenas de las artes.

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Las infantas Leonor y Sofía en la tribuna de las Cortes, 17 de noviembre, 2016

Cinco siglos separan a estas infantas de las que hoy vemos en la televisión y seguramente ninguna de las dos tendrá diez hijos ni gobernará tierras lejanas y sin embargo, el parecido sigue en pie. Asusta un poco, al fin de cuentas hoy igual que antes, se trata de dos niñas, de un padre y del destino de la monarquía española.