El afiche de Rusia 2018: plagio, guerra fría y algo más

Como decía un viejo amigo estoy irritada, molesta y confusa. Y lo estoy por culpa de los rusos y la presentación del afiche para el Mundial 2018.

La expectativa era grande y habían alimentado con inteligencia el misterio; va de suyo que para el mundo del arte en general y de la gráfica en particular, los afiches de los mundiales son referencia y tendencia, desde que Uruguay en 1930 inaugurara la tradición con el fantástico afiche del gran artista planista Guillermo Laborde.

uruguay1930

Mundial de 1930, Guillermo Laborde (1886-1940)

Ahora, estoy irritada porque nunca imaginé que el afiche del próximo mundial iba a forzar los límites del plagio a tales extremos y menos aún que el “levante” -como se diría por estos lares-, fuera precisamente con nuestro afiche del ’30. Esa primera atajada virtual que Laborde resolvió a través de la más perfecta síntesis formal: una diagonal en ascenso para el golero, un círculo para la pelota y dos líneas en ángulo para el arco. Todo bidimensional, todo a color plano; simplemente perfecto.

poster fifa rusia

Mundial de 2018, Igor Gurovich (1967 – )

Una rápida mirada al nuevo afiche, obra del artista ruso Igor Gurovich, deja a la vista las increíbles similitudes formales, las que no se agotan en la mera referencia, porque lo presentan como una afiche “estilo-retro” y lo cargan con el peso de renovar y re-colocar la retórica visual del post-constructivismo soviético de la década del ’20 y del ’30.

Alexander Rodchenko, 1925

Afiche para la Imprenta Estatal de Leningrado, Alexander Ródchenko, 1925

Lo que hace que no solo me irrite por la burda similitud sino que también me moleste por el incontestable valor histórico que tiene el arte gráfico ruso en la Historia del Arte. Desde principios del siglo XX los artistas rusos fueron vanguardia indiscutida del diseño gráfico, por originalidad, creatividad y audacia. Tomaron riesgos en el uso de la geometría y el color, experimentaron con el fotomontaje buscando caminos de realidad y cerraron el círculo con la fuerza simbólica del mensaje político.

Golpe a los blancos con la cuña rojo. El Lissitzky 1919

Golpe a los blancos con la cuña roja, Al Lissitzky, 1919

Todo eso no pasó por casualidad; pasó porque históricamente estaban pariendo una revolución que tenía la ambición de una sociedad nueva y esa utopía solo podía expresarse artísticamente a través de un “nuevo arte”  que reflejara esas aspiraciones. Lo llamaron “nueva visión” y debatieron sobre ella, se pelearon y muchas otras cosas más, hasta que a mediados del ’30 se acabó todo y solo quedó un lenguaje oficial amordazado bajo pena de depuración y censura. Ahora había una única voz: el realismo socialista. 

Hermanos Stenberg. El caso tres millones. 1926

El proceso de los tres millones, Hermanos Stenberg, 1926

Una rápida mirada al nuevo afiche, deja a la vista que si la idea era la que dicen, el experimento falló; es cierto “todo vuelve” pero para que vuelva Dziga Vertov, los Hermanos Stenberg, Rodchenko o Lissitzky, no alcanza con el legado histórico hay que encontrarle un “porqué” y sobre todo un “cómo”, una manera de expresar aquello en este otro tiempo, algo así como otro registro, el registro de los nuevos tiempos.

Clikear en la pantalla donde dice “Mirar en YouTube”

Lo que hace que no solo me moleste por lo que significan las vanguardias rusas para el arte, sino que también me confunda. No por la presencia protagónica del gran Lev Yashin, la famosa “araña negra” -más que merecido homenaje-, sino porque la presentación del afiche fue acompañada de un video que filmó Gurovich para explicar de que viene el afiche (¿?). En el video además de Yashin, está el Sputnik orbitando, un sonriente Yuri Gagarin y hasta el misil Semoyorka en pleno despegue, el primero que lanzó la Unión Soviética en la Guerra Fría.

Debo confesar que a estas alturas, estoy menos irritada, menos molesta y menos confusa. Es creer o reventar: Rusia es un macho alfa.