La odisea del Prado

Para mí los museos son como las personas; tienen personalidad, identidad y carácter. Por eso hay algunos aburridos y otros francamente divertidos, los hay pomposos, estimulantes y hasta descuidados. Pero -al igual que las personas-, también están los que se imponen por su sola presencia. Son pocos, pero los hay, uno de ellos es el Museo del Prado de Madrid.

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Sala Velásquez en el Museo del Prado, Madrid

No importa quien lo dirija, no interesa el programa o el curador de turno, lo que importa es el Prado, ese exquisito conjunto de pintura que junto al de la National Gallery de Londres, son -para mi gusto- las dos colecciones de pintura más perfectas del arte occidental. O dicho de otro modo; si la cosa se complica y se desata el Armagedón, alcanza con salvar estas dos pinacotecas para que no todo esté perdido.

Lo más curioso es que el dichoso Armagedón estuvo a punto de ocurrir en ambos museos, en el Prado durante la Guerra Civil Española y en la National Gallery durante la II Guerra Mundial y en ambas ocasiones fueron salvados, lo que viene a decir, que afortunadamente no soy la única que daría la piel por esos cuadros.

La historia dice así…

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La gran galería de El Prado durante la Guerra Civil Española

Corría el mes de noviembre de 1936, cuando los bombardeos a Madrid comenzaron a volverse sistemáticos y entre los edificios dañados estaba el Museo del Prado. La colección quedó intacta pero ante el peligro, la Junta de Protección del Tesoro Artístico trasladó en una arriesgada peregrinación de camiones 525 pinturas y 180 dibujos a la ciudad de Valencia. Para marzo de 1938 la cifra era de 2.000 obras, pero el frente estaba cada vez más complicado y hubo que llevar todo el cargamento a Gerona, en donde fue acondicionado como se pudo en las profundidades de una mina.

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Traslado de las obras a Valencia por la Junta del Tesoro Artístico

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Evacuación del Museo del Prado

La odisea no había terminado, porque las bombas seguían cayendo a metros de la mina y el 3 de febrero de 1939, el Prado partía para Ginebra a través del territorio francés para quedar en custodia de la Sociedad de Naciones. Se había firmado el Acuerdo de Figueras, el primer documento histórico en el que se asigna la protección del arte en guerra a la comunidad internacional.

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Las Meninas llegan a Ginebra intactas

La Guerra Civil Española llegaba a su fin y ese mismo año comenzaba otra. Unos días antes del nefasto 6 de setiembre de 1939 que dio comienzo a la II Guerra Mundial, las cajas del Prado partían rumbo a España. El convoy de trenes atravesó Francia con las luces apagadas para no ser descubierto por los aviones alemanes; el Museo del Prado se había salvado pero para las demás colecciones europeas, la odisea recién comenzaba.