Los vikingos: algo más que un casco con cuernos

Estoy atrapada por los vikingos, sueño con Ragnar Lodbrok y el rey Horik, veo a Thor en el trueno y siento la presencia de Odín, pienso en Borges y su admiración por las sagas nórdicas y no me resisto, me dejo llevar por la potencia legendaria de este pueblo valiente y contradictorio que supo redefinir lo que entendemos por “cultura”.

El rey Ragnar Lodbrok interpretado por el australiano Travis Fimmel

El rey Ragnar Lodbrok interpretado por el australiano Travis Fimmel (Ragnar invadió Inglaterra y Francia en el siglo IX)

Que quede claro, solo estoy viendo la tercera temporada de “Vikingos”, la serie de History Chanell, que junto al British Museum, han conseguido -no sin esfuerzo-, poner fin a la mala prensa que han tenido los vikingos durante siglos. No es un hecho menor; aquellos bárbaros para los que el saqueo, el pillaje y la violencia eran la norma, también eran osados navegantes, sofisticados artistas y tuvieron tal agudeza para mirar “al otro”, que construyeron entre el siglo VIII y el siglo XII, un espacio geográfico de intercambio cultural único, que ha dejado una huella imborrable desde el Mar Caspio al Atlántico Norte, desde el Círculo Ártico al Mar Mediterráneo.

Catálogo de la exposición "Vikingos: vida y leyenda", British Museum. Londres, marzo, 2014

Catálogo de la exposición “Vikingos: vida y leyenda”, British Museum. Londres, marzo, 2014

Es cierto que los vikingos eran guerreros y violentos, pero lo eran en un mundo en guerra y tan violento como el de ellos, tenían un modelo de sociedad extraño y complejo para la visión greco-latina y por ello fue de tan difícil comprensión para los reinos cristianos, que fueron quienes lo documentaron (sin olvidar que era la visión de los invadidos). Los últimos descubrimientos arqueológicos, presentados el año pasado en el British Museumen en la muestra “Vikingos: vida y leyenda”, nos revelaron un pueblo bien distinto al de nuestro imaginario cultural y en esa misma cuerda de fidelidad histórica va la serie.

Hacha, hallada en Mammen, Dinamarca, 970

Hacha hallada en Mammen, Dinamarca, 970

Veleta de barco con decoraciones y caballo, British Museum, 950

Veleta de barco con decoraciones y caballo, British Museum, Londres, 950

Estos nuevos hallazgos, han modificado la manera de comprender la naturaleza de la identidad vikinga, desde el rol del guerrero al modo en el que comerciaban y así nos encontramos con que en realidad, los fieros vikingos eran pastores y agricultores, sus mujeres tenían un papel crucial en su doble rol de madres y guerreras, en total pie de igualdad con el hombre (incluida la vida sexual), y por si fuera poco, cultivaban su aspecto incorporando a su indumentaria magníficos broches y brazaletes, espectaculares colgantes y hebillas, todos de sofisticados diseños, en los que no hay ni rastro del tosco casco con cuernos. Claro, no lo hay porque no existe el más mínimo rastro documental o arqueológico de él; fueron inventados para el estreno de El Anillo del Nibelungo de Richard Wagner por un imaginativo vestuarista. Por el contrario, la estilización de las figuras que pueblan todos sus objetos, resultan sorprendentes por la combinación del ornamento abstracto con la complejidad de la anatomía animal, confundiéndose todo en una maraña elegante y soberbia de líneas ondulantes plenas de fantasía.

Barco vikingo, c.980. Museo Bygdoy, Oslo.

Barco vikingo, c.980. Museo Bygdoy, Oslo.

Los barcos vikingos como el Roskilde que se encontró en 1997 al oeste de Copenhague y que data del 1025, es con sus 37 metros de eslora una pieza que deja sin palabras por su sencillez y eficacia. Y cuando miro el Roskilde, no puedo dejar de imaginar a una flota de 50 de ellos, todos juntos llegando en malón a las costas de Inglaterra, penetrando el estuario del Sena o navegando por Groenlandia. La cubierta repleta de guerreros envueltos en pieles, protegidos por sus elaborados escudos con dragones y águilas y llevados por la fuerza de Thor y la energía de Odín.

Detalla del animal que decora la veleta del barco.

Detalla del animal que decora la veleta del barco.

Y cuando los imagino, ya no me importa saber si Ragnar existió de verdad o es leyenda -como discuten algunos-, no me importa, porque si no fue él fue otro igual. Reales o legendarios, los vikingos son algo más que un casco con cuernos, son el germen de una sociedad violenta pero igualitaria, cultora de una identidad orgullosa y profundamente definida, creadora de un arte único, bello, elegante y refinado. Y es que a veces, las cosas son más complejas de lo que parecen, o mejor dicho, están lejos del delirante estereotipo que sembró un vestuarista de ópera en el siglo XIX.