El impresionista que no era impresionista

Una de las confusiones más comunes cuando se habla del Impresionismo, es creer que el gran Edgar Degas, ese fabuloso artista de lo etéreo, era un pintor impresionista. La afirmación puede resultar extraña y hasta osada, en tanto es un hecho indiscutible que Degas frecuentó el círculo de pintores impresionistas, participó en siete de las ocho exposiciones impresionistas y al igual que todos ellos, recibió el desprecio y la burla del público.

Edgar Degas, 1834-1917

Edgar Degas, 1834-1917

Pero lo que hace a un pintor impresionista, no es frecuentar un café, participar de un evento o que su pintura no guste. Lo que vuelve a un pintor impresionista es su pintura, o sea pintar aplicando los principios que el movimiento impulsó y consagró como axiomas. Y resulta que Degas se negó a pintar de ese modo. En toda su vida pintó una impresión fugaz, nunca abandonó el dibujo y por si fuera poco, jamás pintó al aire libre, el sacro-santo principio de la pintura impresionista. Peor aún, consideraba que pintar a plein air era una costumbre atroz.

Clase de danza, Edgar Degas, 1871. Metropolitan Museum, Nueva York

Clase de danza, Edgar Degas, 1871. Metropolitan Museum, Nueva York

Su visión del arte generó todo tipo de tensiones con el resto de los pintores impresionistas y no era para menos. Degas pintaba bailarinas encerradas en un escenario e iluminadas con luz a gas; anatema de la luminosidad al aire libre. Degas dibujaba y usaba papel de calco para corregir, haciendo un nuevo dibujo desde el primer trazo en cada hoja; anatema de la espontaneidad y la frescura impresionista.

Cuatro bailarinas, Edgar Degas, 1899. National Gallery, Washington

Cuatro bailarinas, Edgar Degas, 1899. National Gallery, Washington

Pero la cosa fue más lejos, porque Degas lo proclamaba a los cuatro vientos. Fue el marchand Ambroise Vollard, quien en 1938 publicó el libro “Escuchando a Cézanne, Degas y Renoir”; un fantástico y vívido relato de las charlas que mantuvo con estos tres grandes del arte y en el que las contundentes y firmes opiniones de Degas eliminan toda posible duda.

Al observar los paisajes al aire libre de Monet, Degas le dice:

Me voy, todos estos reflejos de agua me hacen daño en los ojos. Me parece como si estuviera lleno de corrientes de aire, un poco más y me tendré que levantar el cuello de la chaqueta.

Vollard le pregunta por la pintura a plein air y Degas le dice:

Sin salir siquiera de casa, con una sopa de hierbas y tres viejos pinceles picados por dentro, ¿acaso no tendría uno con qué hacer todos los paisajes del mundo? …. ¡Rouart, el otro día, estaba pintando una acuarela al borde de un precipicio! ¡Por favor, la pintura no es un deporte! 

Vollard le pregunta como aprender a pintar y Degas sentencia:

Hay que copiar a los maestros una y otra vez, y solo después de demostrar que se es un buen copista uno puede permitirse razonablemente hacer un rábano al natural….Le aseguro que no hay arte menos espontáneo que el mío. Lo que yo hago es el resultado de la reflexión y el estudio de los antiguos maestros. Yo no se nada de eso que llaman inspiración, espontaneidad, temperamento.

Bailarinas en rosa, después del ensayo, Edgar Degas, 1884. Ny Carlsberg, Glypotek, Copenhagen

Bailarinas en rosa, después del ensayo, Edgar Degas, 1884. Ny Carlsberg, Glypotek, Copenhagen

Degas fue un fantástico pintor moderno, uno de los tantos que participaron de esa gran ola de rebeldía que a finales del siglo XIX, consiguió derribar el sistema artístico oficial y destruir la supremacía de la pintura académica. Fue uno de los grandes modernos pero nunca pintó como los impresionistas.