La victoria de la victoria

A todos nos emociona celebrar una victoria. Dejar que ella nos transporte hacia esa incomparable sensación de triunfo, hacia ese especial sentimiento de reconciliación con nosotros mismos y con los demás. Todo eso y mucho más nos regala una victoria, una emoción tan intensa y necesaria, que vale en igual medida para una gesta política como para una conquista deportiva.

Pero hay formas y formas de celebrar la victoria y los griegos tenían una manera especial de evocarla. Los griegos le imaginaron una forma y un cuerpo, para que en él se arroparan todas esas complejas y heterogéneas ideas y sentimientos. Los griegos esculpían victorias con rostro y cuerpo de diosa, la llamaban Niké y la dotaron de unas grandes alas que emergían regias de su espalda, para que pudiera volar hacia aquellos que escogía como vencedores. Y así, allá por el siglo II a.c. tras una ardua batalla naval, la Niké escogió el bando de los rodios y la celebración tomó forma de diosa. Así nació una de las más bellas victorias: la Victoria de Samotracia.

Victoria de Samotracia, Siglo II a.c. Museo del Louvre

Victoria de Samotracia, Siglo II a.c. Museo del Louvre

Una fabulosa dama al vuelo, que con su escultural cuerpo envuelto en una túnica que se adhiere a su figura y deja traslucir sus formas, es todo carácter, libertad y justicia. Su pierna derecha avanza en vuelo, el movimiento hace que el ropaje se agite al viento igual que sus alas, el pecho encara amenazador y la envuelve en un aire de gracia y arrojo. Es un momento, un instante congelado eternamente detenido en el segundo en que se posa sobre el navío que vencerá y en el que los hombres esperan ansiosos que les regale el triunfo.

Victoria de Samatracia

Victoria de Samotracia en la Escalera Daru del Museo del Louvre

Podríamos decir que fue esculpida en seis bloques distintos de mármol, que mide más de 2,75 metros de alto, que ha perdido sus brazos y su cabeza, y que a pesar del fantástico emplazamiento que el Museo del Louvre le ha dado, nada se compara a como debió lucir, altiva y bella, con su barco en medio de una fuente, dominando la terraza de una colina con vista al Santuario de Todos los Dioses en la isla de Samotracia.

Pero escojo evocar a la Victoria, como una ofrenda a la voluntad de los dioses y aunque la idea de lo divino se ha transformado y aunque hayamos puesto en duda la existencia de dios, la personificación de la Niké griega sigue viva en nuestro imaginario. Por eso repica hasta el día de hoy, en los brazos en alto de los triunfadores, en las raudas y libres carreras que todas las semanas vemos en los canchas de fútbol, en las pistas de atletismo, en los niños cuando corren libres en un parque.

No es casualidad que veintitrés siglos después sigamos repitiendo su gesto y su actitud. Los griegos supieron darle forma humana a una idea y lo hicieron con tanta precisión y acierto, que no existe otra imagen que plasme con mayor exactitud la incomparable experiencia de vencer. Y aunque no tenga brazos tiene alas y aunque no tenga rostro tiene cuerpo, es idea y la  supervivencia de su gesto, es la victoria de la victoria.

22 comentarios en “La victoria de la victoria

    • Emma Sanguinetti dijo:

      Sí me acuerdo, Elena, que una vez fuimos con la escuela a la Floresta, no se si a un asado o a pasar el día y yo también la recuerdo…hay una fantástica en el hall de la facultad de Arquitectura….se ve incluso de noche cuando uno pasa por la calle….es espectacular!!!

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  1. Mónica Díaz dijo:

    Como siempre muy interesante pero sobre todo muy bien contado. Ojalá los docentes lograran ensenar de la forma amena en que tu lo haces. Tendrían alumnos mucho mas atentos y despertarían las ganas de aprender…

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    • Emma Sanguinetti dijo:

      Gracias Mónica….estoy convencida que la diferencia está en el modo en que se cuentan las cosas…cada obra de arte tiene una historia detrás y si la contamos con todo su sabor y sobre todo con admiración y cariño, las cosas tienen otro color. Gracias

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  2. Nico Iacouzzi dijo:

    Parece que hay un interesante documental sobre las peripecias de un artista americano encargado de realizar una copia de la estatua para reemplazar el original que esta en francia a los griegos. Terminaron enterrandola en la costa en tumba sin nombre : “Max et la sculpture qui marche”

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  3. Néstor dijo:

    Sigo con vivo interés el blog, en muchos casos me trae recuerdos y nuevas visiones de obras que tuve la oportunidad de apreciar. Pero siempre hay tiempo para nuevos conocimientos, por lo pronto por la película The Monuments Men, me enteré que este pelotón existió realmente en la 2da, Guerra Mundial. Ya en otro tenor, me encontré con tu viejo el otro día, le comenté este espacio y “de tal palo…” su respuesta fué… “hace rato el discípulo…” . Con el afecto de siempre, Nèstor

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  4. Emma Sanguinetti dijo:

    Gracias Néstor, me alegro que el blog te haga viajar!!! te cuento que la película de los Monuments Men no me gustó mucho, la historia real es una maravilla y me quedé con la sensación de que no la contaron bien. Por cierto, el libro que se llama igual está muy bien y refleja mucho mejor todo lo que hicieron estos soldados del arte para salvar el patrimonio artístico…..

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  5. Carlos Antonio Olivera dijo:

    Ema, gracias por tus notas de arte, son una maravilla y nos dan una sensación única al leerlas. Felicitaciones y no dejes nunca de escribir. Nosotros aprendemos de tus sabias palabras y el reflejo de tus sentimientos interpretativos del arte.- Gracia nuevamente.-

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