En tiempos de Narciso

Este mes de abril viene de evocaciones, esto es “traer algo a la memoria o a la imaginación”, al menos según el diccionario. Será por eso que me gusta tanto el ejercicio de evocar, porque hace que aquello que no siempre tenemos presente se vuelva real- por efecto de ese recuerdo-  y adquiera una nueva luz, un nuevo brillo. Y porque evocar es ver lo conocido de otro manera, quiero hoy traer desde el recuerdo una historia conocida: la historia de Narciso.

Todos sabemos que vivimos hoy en tiempos dominados por lo que podríamos llamar “el efecto Narciso”. Tiempos en donde las experiencias artísticas valen y se vuelven reales siempre y cuando se materialicen a través del otro, ya sea por medio de un tweet -que diga donde estoy -, una selfie -que muestre efectivamente que estoy allí-, o con un mensaje en facebook- que definitivamente le diga al mundo, lo que siento en ese momento-. Este fenómeno, nos guste o no, ha transformado radicalmente nuestra manera de mirar, nuestra capacidad de contemplar reflexivamente. Y porque esta realidad, está allí y la vivimos todos los días, quiero evocar hoy a Narciso pero para que lo veamos de otro modo. Digamos que a la manera de Caravaggio.

Narciso, Michelangelo Caravaggio, 1597-1599. Galería Nacional de Arte, Roma

Narciso, Caravaggio, 1597-1599. Galería Nacional de Arte, Roma

Caravaggio pintó su espectacular Narciso en Roma, pocos años antes de convertirse en el más importante pintor de la ciudad y también en el más transgresor de su tiempo. El Narciso de Caravaggio es una pintura sorprendente, por su sencillez compositiva y por su soberbia capacidad para implicarnos en las emociones de su único habitante. Él lo es todo, en el mundo de Narciso solo existe Narciso: él y su reflejo. Sus brazos se elevan alejándolo del suelo, para que el diálogo entre el ser y el reflejo del ser sea el supremo acto de contemplar.

El muchacho se pierde entre luces difusas, del mismo modo que se pierde en las profundidades de su propia imagen. La luz que cae sobre él es la luz de la conciencia y la melancolía extasiada de su  rostro, me recuerda que ese joven, que solo tenía ojos para ese “otro” que era él mismo, es un arma de doble filo. Un arma que nos advierte de los peligros y que oscila entre la necesidad de la conciencia y el riesgo de perdernos en ella. Y el pobre Narciso no pudo con el desafío, y porque no pudo, los dioses se apiadaron de él y en el lugar en que se enamoró de sí mismo y murió abrazado a su propia imagen, hicieron nacer una hermosa flor que lleva su nombre.

El Narciso de Caravaggio, con su juego de luces y reflejos, pero sobre todo con su inmensa melancolía, me recuerda que el desafío sigue vigente. Me recuerda que la respuesta no está lejos de ese lago, de esa imagen y de esas luces que pueden ser conciencia y también perdición.

 

 

11 comentarios en “En tiempos de Narciso

  1. Carolina Pazos dijo:

    Emma que excelente reflexion! No conocía el cuadro, pero realmente es impresionante la perfección de esta obra !! Te felicito tenes una capacidad para ver y reflexionar estos cuadros y traerlos al día de hoy, que es admirable!! Gracias por compartirlo!
    Saludos!
    Carolina!!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s