Nada nuevo bajo el sol

Pongámonos en clima para la revelación de hoy. Roma, enero del año de 1515. La ciudad contaba con 50.000 habitantes y era tal la efervescencia artística que parecía más una cantera en construcción que la capital de la cristiandad.

El poder estaba en manos del papa León X, Giovanni de Medici, hijo mayor de Lorenzo El Magnífico. Hacía apenas tres años que Miguel Ángel había terminado la bóveda de la Capilla Sixtina y aún caminaba torcido por el esfuerzo. Rafael y sus asistentes acometían los frescos de la Sala del Incendio del Borgo, la última de las estancias que vería terminadas antes de morir, y el Bramante, se ligaba el apodo de “el Maestro ruinante” por todos los barrios que arrasaba para hacer realidad los sueños de la nueva era, el Renacimiento.

Autorretrato, Leonardo da Vinci, 1513. Biblioteca Real de Turín

Autorretrato, Leonardo da Vinci, 1513. Biblioteca Real de Turín

Pero además del papa Medici, de Miguel Ángel, Rafael y Bramante caminaba por aquella Roma de hace 500 años, el Maestro Leonardo da Vinci, que instalado por el papa en el Palacio del Belvedere, aguardaba ansioso un encargo que le permitiera asentarse después de tantas huidas, bajo el ala protectora del mecenazgo de los Medici.

Como bien sabemos esto no ocurrió, pero mientras aguardaba -el ocio no era un asunto que tocara a Leonardo-, su mente volaba muy lejos. Su tallar estaba a todo vapor, los asistentes corrían y sudaban bajo las exigencias del maestro, porque una idea se había disparado y había mucho que hacer. Un nuevo sueño tomaba forma y consistía en canalizar el calor del sol mediante espejos parabólicos o lo que hoy conocemos como explotación de la energía solar.

Y así, un día de aquel invierno de 1515, Leonardo se sentó ante una hoja de papel azul y dibujó una estructura de espejos de múltiples facetas mediante la cual pensaba, era posible concentrar “en un solo punto una cantidad de energía” que elevara hasta el punto de ebullición el agua, como “una cuba calefactora”. Al costado de esta anotación escribió, “servirá para calentar una piscina”.

De más está decir que la cosa quedó en la nada, la mente de Leonardo voló hacia las investigaciones anatómicas y se fue en cuerpo y alma hacia el célebre hospital romano de Santo Spirito para realizar la que sería su última disección. En octubre Leonardo ya iba de camino hacia Florencia desde donde pondría rumbo hacia la corte de Francisco I de Francia.

Leonardo, no volvió más ni a Italia ni a sus espejos solares, de todos modos, mi mente no puede dejar de preguntarse que pasaría si Leonardo fuera mosca y en un vuelo inverso hacia el futuro, aterrizara en nuestro Siglo XXI, sobre una casa con paneles solares en su techo. Probablemente, nos miraría con sonrisa pícara y nos diría “no hay nuevo bajo el sol” y se iría directo a un aeropuerto a tomarse el primer avión, a tirarse en paracaídas, a volar en helicóptero, a nadar en una piscina térmica, a cortar fiambre en un super, a comprarse unos lentes de contacto y hasta creo que pediría número en una mutualista, para ver en una ecografía a un feto en el útero materno en tiempo real.

Porque Leonardo sabía que en el futuro, en ese tiempo que se iba a extender más allá de él, el método científico que había contribuido a fundar seguiría su camino, y aquellos misterios que se le revelaron hace 500 años, también se nos revelarían a nosotros.

9 comentarios en “Nada nuevo bajo el sol

  1. Néstor Parada Pérez dijo:

    Muy bueno Emma. Leonardo escribía de derecha a izquierda y de sus miles de escritos, hay una recopilación llamada Codex Romanoff, donde Leonardo anota su pasión por la cocina . A modo de anécdotas interesantes, suelo contarles a mis alumnos de Protocolo y Ceremonial, que Leonardo inventó la servilleta, introdujo el cuarto diente al tenedor y creó cientos de máquinas para uso en las cocinas. Fue organizador de banquetes, y según este Codex también estipuló el comportamiento a la hora de comer.
    En 1999 editorial Planeta editó “Notas de Cocina de Leonardo da Vinci” bajo la supervisión del prestigioso crítico gastronómico Capel. Por supuesto el libro se ha vendido como pan caliente, aunque hay acusaciones de lo que se ha extraído de allí son puras invenciones.

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    • Emma Sanguinetti dijo:

      Hola Néstor, es bien cierto todo lo que decís. Leonardo, fue un gran amante de la cocina y fue un gran organizador de banquetes, en donde deslumbraba a la corte de su mecenas, Ludovico el Moro, con todo tipo de autómatas que llevaban bandejas…y lo de la servilleta, a mi también me encanta, por más que hay muchos que dicen que sería una historia apócrifa. También todo el tema también en discusión sobre si era vegetariano o no
      El libro que mencionas, lo tengo y se lo regalé a Puglia para un cumpleaños….me alegra que te haya gustado el artículo

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  2. Veronica dijo:

    Buenísimo como siempre .
    Un genio como pocos, un especialista de la composición “clásica”, logramdo simetría y solidez sin cansar.En el hombre de Vitrubio alcanza los orígenes de la perfección humana , que se daban desde los griegos , y que hasta la actualidad seguimos buscando esa perfección de belleza o ese prototipo de belleza. Este maestro del arte, de lo estético y de lo bello va más allá de la percepción, sus obras revelan su interior conforme a sus pensamientos, de acuerdo a sus creencias, a su entorno social, cultural y es un constante buscador de la verdad.

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  3. Adriana Tavella dijo:

    Muy bueno Emma me gusta mucho el juego de la mosca y si fuera mosca en el 1500 y si el del 1500 fuera mosca hoy, le da dinamica, movimiento me parece que aporte el concepto de sucesion de los hechos y le da circulacion de sentido hacia el todo, la conciencia de que todo se genera en todo momento que nada para . Muy bueno

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