Si fuera mosca…

Sí, lo confieso, si fuera mosca sabría exactamente sobre que ciudad volar y que lugares y personajes conocer. No es que tenga vocación de insecto, está claro que las moscas son sucias, feas y viven nada más que entre quince y veinte días. Sin embargo, son chiquitas, mudas y además vuelan. En una palabra son el testigo perfecto, de allí que los que me conocen saben que recurro asiduamente a la expresión “por favor, no ser mosca para estar ahí”.

Por eso, si fuera mosca sé que estaría volando por las calles de Florencia, allá por la segunda mitad del siglo XV, cuando Lorenzo de Medici, el “gran magnífico”, promovía con su desmedida inteligencia y su exhorbitante sensibilidad, la mayor revolución artística, filosófica y del pensamiento de los tiempos modernos.

El día empezaría con un vuelo hacia el Palazzo de la Via Larga, en donde Lorenzo sentado en su despacho y rodeado por las Batallas de San Romano pintadas por Paolo Uccello, estaría corrigiendo las listas de libros y manuscritos que formarían la Biblioteca Laurenziana, esa misma que muy pronto sería la biblioteca más grande de Italia y de Europa.

Apenas unos minutos me serían suficientes, para recorrer los pocos metros que separan el palacio de Lorenzo del huerto de San Marco, y así encontrarme con un niño de rostro serio y nariz rota al que llaman Michelangelo. Estaría esculpiendo una cabeza de fauno, bajo la atenta mirada de Bertoldo di Giovanni, aquel viejo escultor al que Lorenzo confió la guía de los jóvenes talentos artísticos que descubría y a los que reunió en aquel mágico jardín-huerto, ese mismo que hoy es considerado la primer academia artística del mundo.

De allí me iría rauda al “quartiere” de Santa Maria Novella, donde se estaría llevando a cabo una de las tantas reuniones  que surgían improvisadamente en la “bottega” de Sandro Botticelli. Sigilosa, me dedicaría a escuchar los pareceres de Leonardo da Vinci, de Filipino Lippi, de Ghirlandaio, del Verrochio y del propio anfitrión, quizás sobre el último poema de Poliziano o sobre algún nuevo encargo de los Medici, los Strozzi o los Pazzi.

Está claro, soy y seré una mosca “renacentista”, porque siento que en aquella ciudad, en aquel tiempo y de la mano de Lorenzo y de todos los genios a los que impulsó, se tejió una fantástica y hermosa telaraña que le permitió al hombre pensar el mundo de una manera diferente.

Sí, lo confieso, he sido mosca, he sido testigo de ese momento único en la historia del arte y del pensamiento. Pero todos los podemos hacer, es fácil, barato y solo requiere una pizca de sueños. Por eso te pregunto a vos,  si fueras mosca ¿que mosca serías? ¿hacia donde volarías? Escribime, contame y volemos juntos.