La primera confesión

Sí, lo confieso soy adicta al arte. Y no soy la única que lo dice y mucho menos la primera que lo confiesa. En realidad, fue Peggy Guggenheim quien lo dijo y por si fuera poco desde la tumba. Es que las memorias de la famosa “femme terrible” del arte de las vanguardias, se publicaron póstumamente en 1979 con el título de “Confesiones de una adicta al arte” (Editorial Lumen, en español 1997, con Prólogo de Gore Vidal).

No elegí plagiar a Mrs. Guggenheim porque el personaje me simpatice, en realidad sucede todo lo contrario. Pero resulta que el nombre que le dio a su libro antes de morir, se me acomoda como anillo al dedo a esta pasión que siento desde que tengo memoria. Es así, que me caiga bien o mal la altanera, sofisticada y por momentos decadente Mrs. Guggenheim, me parece que dio en el clavo en estas lides de amar el arte.

La vida puede ser más o menos bella, según tengamos más o menos suerte, o más o menos tenacidad para pelear por nuestros sueños, pero es aún más bella si somos capaces de experimentar lo que los demás nos pueden dar, y la Historia del Arte da cuenta de ese maravilloso universo. Un universo que está allí esperando por vos, esperando que lo veas y que lo sientas, un universo que te aseguro (y esta es mi primera confesión…) es para todos.

Se dice por allí que el arte es elitista, que es solo para los que entienden, para los que saben y son cultos, y yo te digo que definitivamente no es así. El arte es de todos y para todos, y basta ver a un niño extasiado mirando un cuadro, para darnos cuenta, que no se trata de cunas ni de dineros ni de bibliotecas, sino simplemente de sensibilidades. Entonces, te cuento, que ése va a ser el objetivo de este blog, tratar de despertar la magia de los sensible que todos llevamos dentro, porque con suerte espero que puedas aceptar que ese hechizo es demasiado grande para ignorarlo y demasiado poderoso para que te lo pierdas.