Cinco consejos para ver arte abstracto

El arte abstracto nació hace más de un siglo y la realidad dice que aún sigue siendo un lenguaje discutido, incomprendido y hasta denigrado. Expresiones tales, como que se trata de una broma de niños o que solo son manchas sin lógica ni virtuosismo técnico, continúan reflejando el peso de una mirada que se resiste a ver más allá de los patrones culturales nacidos en el Renacimiento.

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Composición N. VII, Wassily Kandinsky, 1913. Galería Tetryakov, Moscú.

Como soy de las que piensa, que cuando alguien se resiste no lo hace por capricho, terquedad o por el gusto de llevar la contraria, aquí van cinco ideas que quizás ayuden a ver de otra manera. Y me apuro a aclarar: no busco que le guste. El arte no es arte por lo que a mí o a Ud. nos gusta o nos deja de gustar, sino porque existe en su dimensión objetiva, en la comprensión y en el análisis y es por ello que siempre vale la pena.

1. No busque lo que no va a encontrar

En una obra abstracta no va a encontrar objetos conocidos o reconocibles; no va a ver representaciones de las formas “árbol” o “silla”, “perro” o “manzana”. No los busque porque no los va a encontrar y si los encuentra recuerde que no tienen valor como objetos en sí. Acepte que el artista se expresa por medio de un lenguaje que tiene sus propias reglas y éstas no pasan por representar objetos de la realidad o narrar historias.

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May Picture, Paul Klee, 1925. Metropolitan Museum, Nueva York

2. Pierda el miedo a lo desconocido

Con lógica, si no sé lo que estoy viendo ni lo que significa, no sé que hacer ni que decir, quedo desconcertado. Asuma que ver una obra abstracta implica enfrentarse a un mundo desconocido y esto siempre provoca miedo, confusión y desconcierto. No pierda el temple, sobrepóngase y siga mirando, y por favor, no reaccione comparando con otra pintura figurativa en la que Ud. entiende todo. Piense que si uno no le pide a un español que sepa ruso, no le pidamos a una pintura abstracta que hable una lengua que no quiere hablar.

3. Cambie la actitud    

Perdido el miedo, ahora, cambie la actitud. Enfrentarse a una superficie cubierta por forma y color, exige de Ud. mucho más esfuerzo que cualquier otra obra figurativa. Aquí no alcanza con mirar para entender, no pasa por la mera contemplación; debe aceptar que lo están invitando a un universo que vive en otra dimensión sensible y que necesita saber, conocer, leer sobre ese nuevo mundo que no se conoce.

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N.14, Mark Rothko, 1960. San Francisco Moma, San Francisco

3. Deje salir su ojo interior 

Después de todo eso, ahora hay que re-orientar la mirada agudizando su sensibilidad. Comprender que lo que está viendo, solo existe en la realidad interior del creador, que está presenciando una experiencia íntima y subjetiva que puede expresar emociones, sentimientos, absolutos y muchas otras cosas más. El artista ha hecho un giro, sus ojos ya no miran hacia afuera sino hacia adentro, y por eso lo que estoy viendo es algo así como un paisaje interior. Ya no se trata de lo que me rodea, sino de lo que no tiene una forma concreta en el mundo real.

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Detalle de la técnica del “dripping” en N. 31, Jackson Pollock, 1950. Moma, Nueva York.

4. Atrévase a ponerse en el lugar

Piense ahora, un instante en ese artista que tiene que encontrar las herramientas o los caminos para expresar ese “paisaje interior” que está compuesto de ideas y conceptos que no tienen forma (¿que forma tiene el “amor” o “la soledad” o “el miedo”?). Con lógica, el creador va a recurrir a todos los medios posibles y si es con arena, vidrio molido o aserrín, pues que así sea; si es pegando papel, rasgando la tela o incorporando la gestualidad de la mancha o el goteo, que así sea. Se trata de encontrar el punto de contacto para la comunión sensible, se trata de que el lenguaje afine su voz.

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Retrospectiva de Frank Stella en el Whitney Museum de Nueva York, 2015

5. Viva la experiencia

Y bueno, si Ud. llegó hasta aquí, solo le queda aceptar que el arte abstracto es un diálogo íntimo y cómplice entre Ud. y la superficie. Y como todo diálogo, requiere tiempo y paciencia, para que la mirada y los susurros le den vida a la experiencia. Solo así nuestra sensibilidad llegará a escuchar la voz de ese diálogo y ver más allá. O como dijo el gran Frank Stella a medio camino entre la fina ironía y las profundidades filosóficas: “lo que ves, es lo que ves”.

 

*Para Isidra Delfino, que aún sigue esperando un curso sobre Arte Abstracto, que prometo que algún día llegará.