Aquellos, los de cuatro patas

Frida es mejicana pero no es pintora, es una perra rescatista que pertenece a la Unidad Canina de la Secretaría de la Marina de México. Frida es una labradora que en sus seis años de vida lleva 52 personas localizadas en incendios, deslaves y sismos, 11 de ellas en este último terremoto.

Frida II de frente

frida I

Frida, al igual que Titán, Evil y Eco, una pareja de pastores alemanes, son los que llegan donde los humanos no llegamos, son los que se hunden en los escombros con visores que los protegen del humo y del polvo y van con las patas enfundadas en botas para evitar los cortes y el calor, son los que huelen la vida y si hay suerte nos salvan. Es cierto sí, lo hacen porque están entrenados para hacerlo, pero también es cierto que no es casual que lo hagan.

Jeff Koons

Puppy, Jeff Koons, 1992. Museo Guggenheim, Bilbao

Los perros y los humanos tenemos una larga historia de amor, amistad y compañía, un lazo que tiene algo de mágico y de inexplicable y que está vivo y presente en toda la Historia del Arte, en todas sus formas y facetas, desde los mosaicos de las villas romanas al gigantesco y florido Puppy de Jeff Koons.

Van Eyck Arnolfini

Matrimonio Arnolfini, Jan van Eyck, 1434. National Gallery, Londres

Sin embargo, a mí el primer perro que se me vine a la cabeza es el del Matrimonio Arnolfini de Jan van Eyck. No porque me guste especialmente, sino porque es un perro especial: es un perro-símbolo. Dentro del relato narrativo-simbólico, el perro de van Eyck es la lealtad y por eso está a los pies de las manos unidas que son señal de compromiso y en eje con el espejo que es testigo y la lámpara con la llama eterna. Lealtad, ese incondicional atributo que nos habla del estar y del dar sin condiciones.

Venus Tiziano

Venus de Urbino, Tiziano, 1538. Museo degli Uffizi, Florencia

Claro que el perro también es compañía y entonces pienso en esas maravillosas Venus de Tiziano, que no “son” sino con sus perros. Pequeños, peludos, juguetones pero siempre “falderos”, ellos son el omnipresente testigo en el mundo femenino cortesano. Son aquellos que acompañan cuando la sociedad le retira el saludo a la cortesana, son por ello, los silenciosos compañeros que están cuando nadie tiene el coraje de estar y así se convierten en los secretos observadores del “amor” .

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Cazadores en la nieve, Peter Brueghel El Viejo, 1565. Museo Kunsthistorichens, Viena

El perro también es trabajo y así los pinta Peter Brueghel El viejo en su fabuloso Cazadores en la nieve. Regresan al pueblo tras la larga cacería invernal, flacos y exhaustos caminan junto a sus amos con las cabezas gachas y avergonzadas, replicando como un eco la misma desazón de los humanos, pidiendo disculpas de antemano por lo magro de la caza.

perro goya

Perro semihundido, Francisco de Goya, 1819-1823. Museo del Prado, Madrid

Pero de todos los perros pintados, no hay ninguno que se iguale al de Don Francisco de Goya. Ese perro de las Pinturas Negras que nació en el momento más oscuro de la vida de Goya, es una imagen filosófica, existencial si se quiere. Una pequeña silueta que se recorta sobre un fondo ocre-amarillo y que eleva su hocico buscando una respuesta en el vacío. Algunos lo ven semi-hundido, otros asomándose desde un abismo; como sea, no importa, porque esos ojos que parecen oler vida y buscar el calor de una caricia son los mismos. Sí, es cierto, es solo un pequeño perro en medio de la nada, pero en él están todos los perros, incluida esta Frida mejicana que es hoy una heroína en la tragedia.

*Para Lucía, mi sobrina, la que habla con los perros